“La mano del SEÑOR no es corta para salvar, ni es sordo su oído para oír. Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios. Son estos pecados los que lo llevan a ocultar su rostro para no escuchar. Ustedes tienen las manos manchadas de sangre y los dedos manchados de iniquidad. Sus labios dicen mentiras, su lengua murmura maldades.”
Profeta Isaías 59:1-3
El profeta Isaías advierte al ser humano, primeramente a los judíos y después a los gentiles como tú y yo. Como que el tiempo, las circunstancias o las amistades nos llegan a enajenar respecto a tener una relación verdadera con Dios como el creador de nosotros, como el sustentador de la vida y redentor del alma. Por nuestra negligencia, aberraciones, desvaríos y pecaminosidad que nos impiden hacer un alto y buscar a Dios en oración y ruego, reconociendo ante Él que hemos fallado, nos hemos alejado de Él, por nuestros delitos y pecados (errar al blanco).
Debemos pedir perdón, como no tenemos méritos debemos creer y confiar que el Hijo de Dios, Jesucristo ya pagó con su vida, muriendo por nuestras aberraciones y pecados en una cruz. Sí, Él derramo su sangre para perdón de pecados y al creer que Jesús venció a la muerte, resucitando al tercer día de muerto por el poder de Dios, como Él les había dicho a sus discípulos, tenemos la bendición de ser adoptados como hijos de Dios y creyendo que Cristo Jesús nos da vida eterna.
Es muy necesario hacerlo oportunamente.
Lee Isaías 59
