Lot fue sobrino del patriarca Abraham, ambos viajaron con sus rebaños y la gente que trabajaba con ellos, un día Abraham le dijo a Lot; escoge a donde ir, si tu vas a la derecha yo iré a la izquierda y si tu decides ir a la izquierda yo iré a la derecha. Ambos tenían mucho ganado y era necesaria mayor pastura, por eso era la decisión. Lot se encaminó a una tierra fértil hasta casi llegar a la ciudad de Sodoma. En esta ciudad como la ciudad de Gomorra y todo el área la gente se corrompió y la maldad que era demasiada Dios no lo toleraría y decidió destruir esas ciudades con todos sus habitantes. Dios tuvo compasión de Lot y de su familia, esposa, dos hijas, dos yernos. Llegó el tiempo de la destrucción y envió a unos ángeles para que sacaran de la ciudad a esta familia de manera rápida. Los yernos no quisieron ir con Lot, su esposa al salir de la ciudad se convirtió en estatua de sal por haber desobedecido, así Lot y sus hijas fueron los únicos puestos a salvo por los dos varones angelicales.
Aquí encontramos una lección pertinente, porque es una instrucción espiritual, cuando Dios nos pide que dejemos lo que está afectando nuestra fe y vida espiritual es necesario obedecer. Aferrarnos a lo pasado puede afectarnos en el presente y en el futuro. Sodoma representa nuestra vida antigua, esclavizante con sus malos hábitos y costumbres reprobables, culpas no saldadas, Cristo Jesús nos invita a dejar ese pasado que nos ha afectado y nos ofrece libertad. Si Lot no hubiera obedecido, él también y sus hijas hubieran perecido como sucedió con su esposa y sus yernos.
En Cristo Jesús tenemos esa maravillosa oportunidad de estar libre de ese pasado que simboliza Sodoma. Dios en su gran amor proveyó nuestra salvación por medio de su Hijo Jesucristo, quien salva, perdona y justifica, proveyéndonos de una nueva vida con propósito, vida eterna y tener paz con Él y con nosotros mismos. Seamos oportunos, salvemos nuestra vida. Corre hacia la vida y deja atrás lo que ya Dios decidió que dejes.
Lee Génesis 19:1-29
