3 abril, 2026

LA CUARTA PALABRA DE JESÚS EN LA CRUZ

¡Dios Mío, Dios Mío! ¿Por qué Me Has Abandonado?

3Mateo 27:46

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Lejos estás para salvarme, lejos de mis palabras de lamento. Cuantos me ven, se ríen de mi; lanzan insultos, meneando la cabeza. Este confía en el Señor, ¡pues que el Señor lo ponga a salvo! Ya que en él se deleita, ¡que sea él quien lo libre! Como perros de presa, me han rodeado, me han cercado una banda de malvados; me han traspasado las manos y los pies. Se reparten entre ellos mis vestidos y sobre mi ropa echan suertes.” Estas son palabras del Salmo 22 (22:7,8,16,18) escrito por el Rey de David. Algunos comentaristas de la Biblia dicen, que el Espíritu de Dios lo inspiró no solo para describir sus sufrimientos, sino también como mensaje profético sobre su descendiente Yeshua o Jesús, quien mil años después experimentaría: sufrimientos físicos, la burla de los enemigos, el despojo de sus vestiduras, intensa angustia y soledad. El Salmo 22 los sufrimientos del Mesías, el Salmo 23 sobre el buen Pastor cuya promesa es cuidarnos hasta cruzar el valle de sombra de muerte y el salmo 24 su coronación como el Rey de la gloria.

En el Nuevo Testamento el salmo 22 es citado como un salmo mesiánico. En este salmo se describe su condición física, su experiencia emocional, el rechazo, la burla y el abandono. Jesús clamó en su idioma arameo: “Eloi, Eloi, Lama Sabactani: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado” (abandonado.) Qué misterio, el Hijo de Dios abandonado en esta condición de sufrimiento, siendo inocente del pecado de la humanidad. Ante estas palabras de Jesús solamente nos queda como alguien escribió: bajar la cabeza en señal de respeto. Sin embargo, debemos tratar de comprenderlo, ha habido intentos de comprender esta expresión y posiblemente no es del todo satisfactorio.

Pero, he aquí otra posibilidad: Lo primero es que Jesús estaba repitiendo para si mismo el salmo 22 como imagen de su propia situación y como una aseveración de su confianza y su fe en su Padre Dios, quien le confirmó en su lucha espiritual en el Huerto de Getsemaní.

Segundo, se sugiere que en esas 6 horas de sufrimiento todo el peso de los pecados de la humanidad cayó sobre el corazón y el ser de Jesús. Fue hecho pecado por los seres humanos. El castigo que sobrellevó por nosotros fue la separación inevitable de Dios que produce el pecado. Porque el pecado nos separa de Dios hasta que nos arrepentimos y creemos y confiamos en Jesús el único Salvador.

Tercero, la experiencia humana a medida que pasa la vida y entra en ella la tragedia y el sufrimiento, hay momentos que pensamos, que Dios se ha olvidado de nosotros y nos entristecemos y nos desesperamos. Posiblemente esto fue lo que le sucedió a Jesús. Él experimentó ese abandono, aunque sabía que tenía que obedecer y cumplir el plan de Dios el Padre quien deseaba salvar por su inmenso amor a la humanidad pecadora, también Jesús decidió morir en sacrificio por amor. Él se sintió solo.

“Haya, pues, en ustedes este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual siendo en forma de Dios no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Filipenses 2:5-11). Más allá de la triste soledad y del sufrimiento de Jesús el Mesías Salvador jamás podremos comprender lo que Él sufrió por nosotros. Lo maravilloso es que recobró la gloria futura y su exhalación en los cielos por la salvación de millones de personas en todas las épocas en todo el mundo y nos ha asegurado vida eterna para vivir con Él aquí y en el cielo. Debemos en oración, darle gracias cada uno de nosotros, “Porque nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Evangelio de Juan 15:13).

Lee Mateo 27:45-50

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