LA ORACIÓN DE FE
¡Señor! Tu conoces mis luchas más profundas, incluso aquellas que nadie más ve. En este mundo de apariencias, yo quiero ser real delante de ti. Hoy te entrego mi ansiedad, mi soledad y mis tentaciones. Lléname con tu paz que va más allá de lo que entiendo. Ayúdame a recordar que no estoy solo, Tú estás conmigo, en Ti tengo la fuerza para seguir.
(Anónimo)
A ti, Señor, elevo mi alma; mi Dios, en ti confío; no permitas que sea yo humillado, no dejes que mis enemigos se burlen de mi. Quien en ti pone su esperanza jamás será avergonzado; pero quedarán en vergüenza los que traicionan sin razón. Señor, hazme conocer tus caminos; muéstrame tus sendas. Encamíname en tu verdad, ¡enséñame! Tu eres mi Dios y Salvador, ¡en ti pongo mi esperanza todo el día! Acuérdate, Señor, de tu ternura y gran amor, que siempre me has mostrado; olvida los pecados y transgresiones que cometí en mi juventud. Acuérdate de mi según tu gran amor, por que tú, Señor, eres bueno.
Salmo de David 25:1-7
Derramar nuestra alma al Señor en tiempos difíciles, por la prueba, la pena, la ansiedad o la tribulación angustiosa, no es conveniente, porque no tenemos a nadie más perfecto a quien acudir. Creer en la perfección de Dios, sus bondades y su amor incondicional nos será de gran ayuda porque Él nos comprenderá en nuestro sufrimiento, nos ayudará, protegerá y fortalecerá por medio de su Espíritu. Y en el día conveniente nos dará la victoria. Si hay algún pecado o aberración en nosotros, nos perdonará en el momento de la confesión y nosotros responderemos, por lo que Él ha hecho en nuestro favor con inmensa y sincera gratitud.
Lee Salmo 25
Comparte este devocional: