25 mayo, 2026

MATANDO LAS OBRAS PECAMINOSAS

“Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán.”

Apóstol Pablo a los Romanos 8:12-13

“Has morir las obras de la carne”. Hay un término en teología: Mortificación. Este término es importante. Estamos familiarizados con palabras como funeraria, mortuoria, mortalidad y mortandad. Están involucradas con la palabra muerte. La mortificación es matar las obras pecaminosas de nuestra carne o naturaleza pecaminosa. Significa dar muerte a las malas obras que hemos hecho y que son pecado. La mortificación no es masoquismo, infligir dolor a uno mismo. La mortificación no es ascetismo, negarse ciertos placeres físicos. La mortificación es rechazar la práctica del pecado y darle muerte.

John Scott dice en uno de sus libros: “Hay una especie de vida que conduce a la muerte y una especie de muerte que conduce a la vida.” La mortificación del pecado lleva a la vida. Algunos de los pecados a los que debemos dar muerte son: crueldad al hablar, mentira, chisme, lujuria, egocentrismo, pereza, glotonería, manejar vehículos de manera irresponsable, robo, adicciones y otros mas. “Por el Espíritu Santo, debemos hacer morir las obras de la carne.” Debemos: “Vivir en solo por el Espíritu.

Un escritor llamado Francis Chan, escribió un libro titulado: “El Dios olvidado”. Cita el comentario del predicador A. W. Toser: “Que nos quede claro, el nivel de espiritualidad entre nosotros es bajo. Nos hemos medido por nosotros mismos hasta que el incentivo para buscar mesetas más altas en las cosas del Espíritu se ha ido.” Nuestro problema, es que imitamos a las personas que viven sin Cristo.”

A los Romanos 8:1-17 es uno de los grandes pasajes de la vida en el Espíritu y en contraste la palabra carne aparece solo 8 veces. En los versículos 3-8 se refiere atender sus caminos centrados en nosotros mismos y en nuestra suficiencia. Lo cual, desde la perspectiva del Espíritu no debe ser así. Al depender de Él, podemos dar muerte a las obras de nuestro yo o de nuestra naturaleza pecaminosa y experimentar la vida victoriosa de nuestro Señor Jesucristo.

Lee Romanos 8:1-17