LA IMPORTANCIA DE LA DISCIPLINA
Hijo mío, no desprecies la disciplina del SEÑOR, ni te ofendas por sus reprensiones. Porque el SEÑOR disciplina a los que ama, como corrige un padre a su hijo querido.
Salomón fue el hombre más sabio de su época y posiblemente de otras más. Él escribió varios proverbios respecto a la familia, particularmente a los hijos. Este proverbio es dirigido a todos los hijos de Dios judíos y desde Cristo Jesús hasta nuestro días a lo gentiles convertidos a Él, de ahí la necesidad y sabia decisión de tomarlo en consideración.
La disciplina del hijo de Dios y seguidor de Jesucristo judío y gentil es por amor, es un proceso de enseñanza para desarrollar un mejor comportamiento en su presencia y como testimonio a otros. Si no se quiere aceptar la disciplina del Señor como medida de mejorar la obediencia que Él requiere, por lo tanto aplicará la corrección por medio de un castigo a fin de detener el mal comportamiento. La reprensión guía a la persona a tomar mejores decisiones en su comportamiento de cada día. Si el hijo de Dios acepta esta amonestación la cual implica una crítica sincera, una reprimenda o castigo, es con el propósito de guiar a la persona hacia el cambio sobre su comportamiento. Dios anhela que nosotros reconozcamos nuestros fallos, errores, equivocaciones y mal comportamiento porque es desobediencia hacia Él y es también un mal testimonio ante los demás conocidos y familiares.
Nuestra vida en Cristo debe ser semejante a la vida de Él, dio fiel y buen testimonio al vivir relacionado con la gente, aún con sus enemigos; dio buen ejemplo a sus discípulos. El siempre deseaba agradar a su Padre celestial. Nosotros también debemos agradarlo en obediencia y si lo desobedecemos recibamos la amonestación o el castigo.