1 febrero, 2026

LOS DEBERES DE LA VIDA CRISTIANA Parte 2

Está el deber de:

LA TRANQUILIDAD BASADA EN DIOS

La quietud, el reposo, la paz, la confianza en el Señor; tendemos a desesperar, a inquietarnos, a llenar nuestra mente con pensamientos pesimistas. El cristiano tiene que dejar todas sus ansiedades en manos de Dios: “Pon sobre el Señor tu carga, y él te sustentará” (Salmo 55:22). “No se preocupen por el día de mañana” dijo el Señor Jesús (Mateo 6:25-34). Podemos aceptar esta recomendación confiadamente porque tenemos la seguridad de que Dios está cuidando de nosotros. El apóstol Pablo tenía esta seguridad y la expresa así: “El que no escatimó ni a su propio Hijo . . . también nos dará con Él todas las cosas generosamente” (Romanos 8:32). Podemos estar seguros de que, a causa de que Dios cuida de nosotros, las experiencias de la vida no son para destruirnos, sino para formarnos; y con la seguridad de Dios podemos aceptar cualquier experiencia que nos sobrevenga, sabiendo que Cristo obra en todo para el bien de aquellos que le aman” (Romanos 8:28).

Es necesario como deber:

EL ESFUERZO Y LA VIGILANCIA

Tenemos que ser sobrios y estar alertas. El hecho de dejar nuestras ansiedades y problemas al cuidado del Señor, no nos autoriza a sentarnos y no hacer nada. La confianza y el esfuerzo tienen que ir juntos. El apóstol Pedro sabía cuán dura era esta vigilancia, ha de haber recordado como en Getsemani él y sus amigos se habían dormido, cuando deberían haber estado en oración o por lo menos despiertos porque Jesús se los había pedido (Mateo 26:38-46). El cristiano debe dedicar su esfuerzo a la observación, a la vigilancia, a estar pendientes de lo que ocurre en nuestro entorno, a no ser descuidados y quitarnos el síndrome de la omnipotencia: a mi no me pasa nada. Tener mucho cuidado de nuestra vida cristiana, fortalecerla con una comunión constante con el Señor y con personas que son temerosas de Dios.

Como un deber, el apóstol Pedro nos anima a incorporar en nuestra vida:

EL PRINCIPIO DE LA RESISTENCIA

El enemigo de Dios, el enemigo de Cristo, el diablo siempre está buscando a quien arruinar. Pedro tiene que haber recordado cuando escriba esta carta como el enemigo lo había vencido, había negado a su Maestro, a su Mesías, a su Señor. ¿Te ha sucedido eso, te has cohibido o avergonzado de tu relación con Jesucristo, porque te preocupa que digan que eres fanático, o que no eres igual que ellos? La tentación de la negación puede ser frecuente, el enemigo nos provoca a desconfiar de la verdad que se nos compartió de Cristo.

Continúa…

Lee Romanos 8:28-39, 1 Pedro 5:6-11