NUESTRAS QUEJAS ANTE DIOS
¡Ya estoy harto de esta vida! Por eso doy rienda suelta a mi queja; desahogo la amargura de mi alma. Le he dicho a Dios: no me condenes. Dime qué es lo que tienes contra mí.
Libro de Job 10:1,2
Job conocido como el “justo o el sufriente Job”. Su vida era próspera, mucho ganado, un verdadero hacendado, todo lo tenía, un presente maravilloso y un futuro asegurado; padre de siete hijos y tres hijas todos viviendo en la bendición próspera de su padre, su esposa centrada en el hogar; Job formaba parte de una familia sumamente dichosa y era el principal protagonista porque la fortuna y el éxito le sonreía, líder de la comunidad, era sumamente amigable.
Hasta que el infortunio le llegó, en un mismo día, su casa fue afectada, sus diez hijos murieron por el derrumbe de la casa del primogénito donde tenían y disfrutaban de un convivio. Su ganado robado por una banda de delincuentes, todo era pérdida quedando Job en la ruina, enfermo y con una esposa que le reprochaba e insistía que maldijera a Dios y se quitara la vida. Sus amigos sin ninguna consideración lo acusaban de haber pecado. La historia de vida de Job es muy dramática y triste. Este es el motivo de su queja ante Dios, porque se considera inocente, ha sido un hombre justo para con todos y no puede comprender por qué Dios permite este sufrimiento y pérdida.
¿Por qué a mi? Es exactamente lo que tú y yo decimos cuando las cosas no están funcionando o las circunstancias negativas nos fastidian y no comprendemos por qué. Nuestra vida es efímera, deseamos no tener ningún problema o circunstancia difícil que nos afecte. Debemos recordar que vivimos en un mundo imperfecto, con una humanidad imperfecta y nosotros somos parte de todo esto. Debemos sumarle la crueldad del enemigo de Dios, también nuestro enemigo, el cual nos ataca en donde somos vulnerables, fastidiando nuestro presente con tribulaciones, prolongándose el sufrimiento, la desesperación nos llega cada día por largo tiempo. En esas circunstancias asumimos la misma actitud del justo Job de quejarnos ante otros y ante Dios, porque no comprendemos el motivo de nuestro sufrimiento y a veces también caemos presa de la enfermedad. Nos desesperamos, cargamos la culpa a otros y a veces a Dios, nos inconformamos con Él y podemos pecar contra Él.
¿Qué hacer ante esa situación que nos embarga o ante el infortunio? Ser humildes, depender de Dios entregándole nuestro problema y pedirle que Él actúe según su voluntad.
Lee Job 10:1-7