LA GRACIA DE DIOS EXPERIENCIA PERSONAL

Doy gracias al que me fortalece, Cristo Jesús nuestro Señor, pues me consideró digno de confianza al ponerme a su servicio. Anteriormente, yo era un blasfemo, un perseguidor y un insolente; pero Dios tuvo misericordia de mi porque yo era un incrédulo y actuaba con ignorancia. Pero la gracia de nuestro Señor se derramó sobre mi con abundancia, junto con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús.

1 Timoteo 1:12-14

La gracia de Dios es un favor inmerecido; misericordia y bondad de su parte para sus hijos cuando tienen la experiencia de salvación no por méritos propios, sino que se recibe por fe en su Hijo Cristo Jesús. La gracia de Dios es un regalo gratuito. La gracia de Dios es su amor para sus hijos, también implica su poder habilitador que nos ayuda a vivir vidas que le agradan y a superar nuestras debilidades. Su gracia nos capacita para servirle por gratitud. Su Gracia es fuente de la salvación, transformación y guía para la vida diaria.

Esto es lo que experimentó el apóstol Pablo y muchos otros en su tiempo. Él da su testimonio de su vida antes de experimentar esa gracia al conocer a Cristo Jesús de una manera  extraordinaria porque se le apareció en el camino. Era un perseguidor de los creyentes seguidores de Jesús el Señor. Era un blasfemo e insolente, incrédulo e ignorante respecto a Jesús el Cristo de Dios y de los que creían en Él. Considera el apóstol que la gracia de Dios lo puso bajo su servicio sin merecerlo. Tuvo una conversión total y una entrega o consagración a quien lo salvó de la condenación, otorgándole la salvación de su alma y de su vida, y de la condenación eterna. El apóstol Pablo expresó con una convicción sorprendente cuando dijo: “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mi (Carta a los Galatas 2:20).

Tu y yo hemos experimentado esa maravillosa gracia de Dios por medio de Jesucristo cuando decidimos entregarle nuestra vida y depender de esa bondad de Dios quien perdonó nuestros pecados y nos adoptó como sus hijos, por los méritos de su amado Hijo, Cristo Jesús.

Lee 1 Timoteo 1:12-17

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